“Daddy Velasco” and the good dictators

Velasco Alvarado no fue el único que prohibió la importación de instrumentos musicales, el acceso a la música “yanqui” y, sobre todo, a cantar en inglés. Aquí un recuento de cómo la música nacional y latinoamericana luchó contra las dictaduras y la represión cultural.

Desde 1964, Latinoamérica experimentaría un nacionalismo musical radical como parte de las prohibiciones culturales americanas de las dictaduras. Gilberto Gil y Caetano Veloso introdujeron guitarras eléctricas para mostrar el nuevo sonido de la música brasileña, el sonido del movimiento Tropicália: rock clásico estilo “The Beatles” y secuencias rítmicas de la samba. Una pincelada de música yanki que se ocultaba entre los oídos inexpertos de los militares. Sin abandonar la expresividad, la textura musical en cada canción.

El III Festival de la Música Popular Brasileña de 1967, apareció un espigado bahiano “pelucón” que no dejaba de sonreír mientras cantaba Alegría, Alegría, una disimulada crítica a la dictadura de turno. Es en ese escenario, donde se conocería la fuerza musical de los Tropicália.Caetano Veloso, influenciados por la fuerza rockera de la dupla  McCartney y Lennon y al mismo estilo del álbum Sgt Pepper’s Lonely heart club band, compuso su primer longplayer llamado Caetano Veloso, el cual tendría uno de los primeros himnos del movimiento, entre ellos: Alegría, Alegría, É proibido proibir y Tropicália, estas canciones fueron el soundtrack de la movida estudiantil, reprimida en la marcha de los Cien mil en junio de 1968. Posteriormente, llegaría el álbum Tropicália ou Panis et Circensis”, un Longplay que reunió la movida tropicália, la cual incluiría a  Gilberto Gil, Caetano Veloso, Os Mutantes, Tom Zé, entre otros. Definir Tropicália es entender la mezcla de arreglos bossa nova, ritmos bahianos, fados y psicodelia sesentera. La prohibición de los Beatles y Elvis Presley, hizo del rock‘n’roll brasileño un sinónimo de libertad y crítica ante la represión de la dictadura militar de Artur da Costa e Silva.

En el 1969, el compositor argentino Astor Piazzolla y el letrista tanguero Horacio Ferrer compondrían una canción considerada “el antitango” o el “nuevo tango”, la pieza se llama “Balada para un loco” y fue premiada en el Primer Festival Iberoamericano de la Danza y la Canción de Argentina, en el jurado estaría la compositora peruana Chabuca Granda y el reconocido artista del movimiento Tropicália Vinicius de Moraes. “Balada para un loco” significó el ingreso del tango como una forma musical válida en la academia. Es decir, el tango, al que se le había adherido una naturaleza de tango-canción, se había convertido en un vals solemne con acentuación en la propia variación de la melodía del piano. Una traición al nacionalismo porteño.

Ese mismo año, en Perú, el gobierno militar de Velasco Alvarado prohibió las matinales musicales y  la importación de instrumentos musicales se volvió imposible. Cantar en inglés reforzaría la idea de “música extranjerizante”. De acuerdo con el músico Gerardo Manuel, los grupos de rock como Traffic Sound, Pax, El Humo o los We All Together empezaron a componer de manera más compleja y cantaban en inglés como contraposición al grupos de Nueva Ola. El periodista Pedro Cornejo Guinassi, en su libro “Alta Tensión”, señala que al gobierno militar no parecía molestarle que las bandas de la Nueva Ola cantaran en italiano porque su música era para “hembritas”.

Los cantautores hispanos y latinoamericanos compondrían un nuevo armazón modular. Por citar un ejemplo, José José lanzaría su primer álbum debut con la lograda canción “Una mañana”, una mezcla de melodía y ritmos propios de un danzón cubano, la voz prodigiosa del artista nos introduce la historia misma de “Una mañana”, desde sus cambios modulares en la voz, la textura de cada puente en la canción y hasta llegar a su máxima vocal en el estribillo. 

En los setenta, estos mismos cantautores tienen gran parecido melódico a artistas del hard rock “gringo” como la voz de Anne Wilson de la banda Heart, Michey Thomas y Grace Slick de Jefferson Starship y el propio Robert Plant de Led Zeppelin. Si escuchamos a Camilo Sesto en Jesucristo Superstar en la canción “Getsemaní (Oración en el huerto)” o a Juan Camacho en su canción debut “A ti mujer”, pieza con la que ganaría el XVII Festival de la Canción REM-CAR de Benidorm, nunca estuvimos tan cerca de Led Zeppelin.

Asimismo, es importante señalar la aparición y triunfo comercial en Estados Unidos y Latinoamérica de la productora Fania Records, fundada en 1964 en Nueva York, fue una hecatombe a nivel compositivo y artístico y cultural. Es necesario señalar que Fania Records trabaja con músicos migrantes de Puerto Rico, República Dominicana, Costa Rica, Venezuela, Colombia que tenían formación en música clásica, pero conocían el jazz y la música popular de sus países, ritmos como guaracha, el son, el guagancó o el bugaloo. Rubén Blades con su álbumes “Bohemia y poeta” y “Buscando América”, una lectura histórica y política de Latinoamérica disfrazado de un prodigioso son puertorriqueño. La canción “GDBD” o también llamada “Gente Desaparecida bajo la dictadura” que muestra la historia de un policía que desaparece personas.

Fania Records

Fania Records

En 1964, se funda Fania Records, el sello discográfico creado por el músico dominicano Johnny Pacheco y el productor musical Jerry Masucci.

Aunque la batalla cultural y política se dio con técnica y trabajo, ahora la música se entrega a la rentabilidad. Mientras tanto, el contexto histórico actual espera por una nueva trasgresión musical.

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