Cuando lo comercial y lo no comercial se juntaron

La evolución del circuito de conciertos masivos en el Perú ha permitido el encuentro de bandas que antes operaban en escenas muy distintas.

El debate sobre lo ‘underground’ y lo ‘mainstream’ es siempre una constante cuando se intenta hablar de gustos y juicios morales alrededor de la música. Hacer una valoración de que tan malo o bueno es el hecho de que una banda se vuelva comercial sería redundar en una discusión ambigua y llena de complejos. A pesar de ello, es interesante analizar esta cuestión en el marco de lo que es el Perú y los conciertos, que a lo largo de tantos años han sido avalados como el punto más alto de lo que puede lograr un grupo de músicos.

Cualquiera que tenga más de 40 años (sector al que aclaro, no pertenezco) y en su juventud gustara del rock internacional, ha sido testigo de las restricciones que existieron en el país durante mucho tiempo para la entrada de artistas extranjeros. Por la misma razón, hubo ciertas desilusiones que por aquellos años habrán roto más de un corazón: Santana siendo prohibido de presentarse en el estadio San Marcos en el 72’, y la cancelación de los conciertos de Michael Jackson y Bon Jovi en Lima en el 93’, son ejemplos destacables.

El concierto de Indochine en 1988 fue uno de los mayores hitos en los años de un Perú cuyas circunstancias desincentivaban la llegada de artistas extranjeros. Foto: Peru30

El periodo 1985-87 fue una excepción, pues durante estos dos primeros años del primer gobierno de Alan García, vinieron artistas como Charly García, Miguel Mateos, Soda Stereo, Los Fabulosos Cadillacs, Hombres G, entre otros. De todas formas la crisis económica que se engendró en el 88’ hizo que dicho rubro volviera a la normalidad. En tanto, hasta que llegó el siglo XXI, las circunstancias políticas, económicas e incluso bélicas hicieron del país un lugar restringido para artistas del exterior.

Esto no obstante, impulsó en gran manera la popularización de bandas nacionales que hasta el día de hoy inspiran respeto y lealtad en varios aficionados. El éxito de artistas como We All Together, Frágil, Río, Pedro Suárez-Vértiz, Líbido, Amén o Mar de Copas certifica esta idea. Claro que, paralelamente, se iban formando ciertos grupos que pasaban más desapercibidos, los menos comerciales (aunque ya suene monótono), entre los que se encontraban incluso algunos pertenecientes a la corriente subterránea de los 80’s.

Podríamos en ese ámbito mencionar a Los Saicos, Tarkus, Leuzemia, Narcosis, 6 Voltios, Chabelos, entre muchos otros cuya música se caracterizó a lo mejor por un sonido más crudo y brusco. Estas cualidades obviamente, no encajaban con los filtros y las lógicas de mercado que medios como la radio y la televisión masiva tenían incorporados. Por la misma razón, sus conciertos no llegaban a acumular tanto en taquilla como lo hacían las anteriores, a pesar de que a lo mejor muchos si les agradara su estilo, aunque no lo supieran por simplemente ignorar su existencia.

Leuzemia es una de las bandas subterráneas que hasta el día de hoy permanece vigente, y que en los últimos tiempos ha compartido escenario con las bandas más comerciales. Foto: Wikimedia Commons

Es en dichas circunstancias que sin embargo, ambas escenas junto con los artistas internacionales, se fusionaron en el circuito de conciertos. La situación económica y social finalmente llegó a un punto relativamente sano, y fue así como se implementaron políticas que incentivaron la industria de los espectáculos culturales. Fue en el 2007 cuando precisamente se pronunció la Ley de Promoción de la Industria de Espectáculos, cuyo principal impacto fue la eliminación del Impuesto Municipal de Espectáculos no Deportivos (15% del boleto de ingreso) y adicionalmente el 30% del Impuesto a la Renta, se disminuyó hasta el 15%.

Con este marco y con la llegada de las redes sociales como plataformas alternas que esparcían el contenido musical, el ambiente comenzó a cambiar considerablemente. Los conciertos de Roger Waters y Soda Stereo en el mismo 2007, fueron el punto de partida para una secuencia de eventos que hasta entonces no eran muy comunes.

Ni siquiera es necesario mencionar la lista de artistas que desde entonces llegaron a tocar en escenarios como el Nacional, el Monumental, San Marcos, Jockey Club, entre otros. Dentro de estas presentaciones simultáneamente, se dio un apogeo de los festivales de música en vivo que lograron hacer lo que hasta ese momento parecía inimaginable: ver a artistas comerciales, no comerciales e internacionales tocar en un mismo evento. Vivo x el Rock es probablemente hasta ahora el ejemplar más representativo de esta anécdota.

Gracias a un festival de esta magnitud, pudimos ver a bandas como Diazepunk, Inyectores, Difonía o Metaporphosis, tocar en el mismo escenario que Mago de Oz, Rata Blanca, Sum 41, PXNDX o Molotov. En paralelo, las bandas comerciales nacionales ya mencionadas también eran invitadas a deleitar a un público que, tras colmar las 30 mil plazas del Parque de la Exposición, tuvo que pasarse al Estadio Nacional, cuyo aforo de 46 mil personas también se excedió, y fue así que en 2016 llegaron a llenar la capacidad de San Marcos con más de 60 mil asistentes.

‘Vivo x el Rock’ hizo posible la convergencia entre la escena underground, la más mainstream y la internacional. Foto: libidovideo (YouTube)

De forma simultánea, en internet los aficionados hacían su trabajo, divulgando contenido de estas bandas que no sé si podemos seguir llamando ‘under’ (de todas formas ¿Qué es ser ‘under’?). Esto último ha tenido un rol fundamental más que nada en la última década. Dentro de todo, el auge de los espectáculos presenciales y los medios de comunicación alternativos le han servido a algunas bandas para poder elevar su popularidad a niveles que antes no habrían pensado ¿Esto ha tenido un efecto negativo? Para algunos sí, aunque lo que se ha visto es que muchos de estos músicos no comerciales que pasaron a serlo, se han quedado tan venerados en la escena pública que muchos de los que han aparecido recientemente simplemente no encuentran su espacio. Desde un punto de vista algo polémico, se convirtieron en lo que juraron destruir, y no necesariamente por su culpa.

La duda es: ¿Esto permanecerá así por mucho tiempo? ¿En qué momento aparecerán nuevas bandas nacionales en los escenarios vislumbrados por públicos masivos? Incluso podríamos preguntarnos si es que los conciertos con miles de asistentes siguen siendo la mejor representación del éxito de un artista. Las modalidades que han generado las plataformas modernas para poder generar ingresos y visibilidad a músicos soñadores son variadas, y probablemente seguirán aumentando.

Entonces ¿Cuál es la tarea que tiene el melómano para con los músicos nacionales? Es una pregunta muy controvertida, pero lo importante a tomar en cuenta, es que somos nosotros mismos la razón principal del triunfo de alguien que sueña con subsistir en el entorno musical. Si eres de los que considera que la opinión de la mayoría es un desastre, pues esta idea puede inquietarte. Más allá de eso, es hora de pensar ¿En qué medida nuestro consumo de determinado material influye en el fracaso de un músico realmente talentoso?

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