Cuando convergieron el rock y el cristianismo en el Perú

Algo pasó durante la segunda mitad del siglo XX que hizo que la música moderna dejara de estar separada de la sagrada adoración religiosa y de sus promotores, quienes en principio sentían recelo al ver  una guitarra conectada a un amplificador.

Ya es cosa de viejos contar historias de pastores maldiciendo la figura de la guitarra eléctrica, como si esta representara la degeneración y perdición de la juventud. El rito religioso y su relación con el rock han cambiado, algo que para muchos hasta el día de hoy suscita una contradicción desde la óptica sociocultural histórica de este género. Se trata de un estilo musical que durante varias etapas bien marcadas de la historia, fue usado por sus aficionados para empoderar un estilo de vida que iba en contra de las convenciones de la iglesia, pero ahora es empleado y gozado por muchos de sus afectos con el fin de enaltecer la palabra de Dios.

La tendencia de muchas congregaciones cristianas por querer adoptar un tipo de música más comercial comenzó en Estados Unidos, precisamente con los evangélicos en el último tramo de la década de los 60’s. Durante esos años, jóvenes hippies se convirtieron al cristianismo evangélico y formaron el Movimiento de Jesús (Jesus Movement), a través del cual invocaron al retorno de un cristianismo que promueva la paz, la austeridad, la solidaridad y en términos generales, una ética más primitiva. Esto en Perú sin embargo, se dio más adelante, a fines de los 70’s y principios de los 80’s, gracias a un proceso más largo.

Por más que no fuera rock, las alabanzas efusivas de los grupos pentecostales fueron esenciales para la introducción de instrumentos modernos al culto cristiano. Foto: Noticiero Paranormal (YouTube)

Así lo certifica una investigación realizada por el musicólogo Omar Rojas Mesía. Según afirma, en el transcurso de esos años muchas iglesias evangélicas empezaron a reemplazar los himnos tradicionales por los coritos característicos de la liturgia pentecostal, canciones cortas con estribillos entusiastas y alegres, cantadas por multitudes de creyentes que aplaudían al son de la música. Paralelamente, en espacios como la Iglesia Alianza Cristiana y Misionera (ACyM) de Lince, la música folclore y las cantatas fueron ganándose un espacio, especialmente con artistas cristianos como Kerigma Canta, Trío Mar del Plata (Argentina), y Aldo Linares, quien por ese entonces estudiaba en el Conservatorio Nacional de Música.

Fue todo esto lo que dio pie a la amalgama entre los cánticos cristianos y los géneros contemporáneos de aquel momento. Instrumentos como la guitarra eléctrica, la batería, el bajo eléctrico, y el teclado dejaron de ser ajenos a la performance de la música evangélica. En un primer instante esto generó recelo en adeptos conservadores que aun veían una relación intrínseca entre estos instrumentos y un estilo musical que evocaba a la rebeldía, el alcohol, las drogas y el libertinaje sexual.

La introducción de estos instrumentos no fue sencilla. Humberto Lay, pastor titular de ACyM durante los 80’s, le reveló a Omar Rojas que tuvo un viaje a Brasil, el país con mayor cantidad de seguidores del movimiento evangélico pentecostal. En dicha travesía, Lay presenció como con estos instrumentos modernos se podía armar un culto aún más extraordinario que el convencional. Fue así que, como cuenta, regresó a Lima para empezar con la incursión del bajo eléctrico y la batería como acompañantes de los cánticos, pero ejecutados de manera muy sobria, pues producir un sonido estruendoso hubiera ocasionado la desaprobación de devotos que ya de por si se sentían inseguros respecto de esta nueva expresión musical.

En Perú, Revival Band ha sido en los últimos años un ejemplar del rock cristiano en su faceta más moderna. Foto: Revival Band (Facebook)

Posteriormente entró la guitarra eléctrica, necesariamente tocada con un tono limpio, y siempre guiada por el piano, al igual que el bajo y la batería. Como le mencionó Francis Castañeda (por aquel entonces pianista) a Rojas, ninguno de los instrumentos novedosos podía ser la guía, no iba ser bien recibido. Es necesario entender también, como para los fieles de aquel entonces dichos instrumentos eran imágenes condenadas por su artificialidad. Al ser eléctricos, eran “instrumentos del diablo”, iban en contra del estilo de vida natural, austero y sencillo que pregonaba el evangelismo. No eran como la guitarra acústica, la pandereta, el bombo andino o el piano, cuya autenticidad más bien los hacían llamarse “instrumentos espirituales”.

Lo que ocurrió en ACyM durante los 80’s, constituyó un cambio de paradigma, pues se dejaron atrás los estatutos ortodoxos que preferían que las ovaciones religiosas se mantuvieran al margen de lo comercial y lo juvenil. Estos dos últimos términos de hecho, son importantes para entender como a partir del rock muchos jóvenes pudieron integrarse al evangelismo.

Según Omar Rojas, esto simbolizó un cambio en el discurso de los evangélicos respecto de lo que antes les parecía un género musical ‘satánico’. Al final esta apropiación de nuevos géneros musicales se vio justificada por los creyentes, aduciendo algo elemental: la música, así como todo lo que vemos y percibimos, fue creada por Dios, y está hecha para engrandecer su figura y su mensaje. Cada obra de Dios es neutral, y en tanto puede ser utilizada para el mal o para el bien. Es bajo esta premisa que el rock, finalmente y a pesar de las suspicacias, pudo ser adoptado en el proceso de adoración divina.

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