Créditos: Salón Imperial

Cuatro bares-espacios más queridos de la escena

Algunos con olor a pichi, mala ventilación, casonas viejas y paredes pintarrajeadas, en estos lugares se congregan músicos y público, como si de un culto religioso se tratara, todo por la música y los buenos momentos.

La movida independiente nunca ha sido impulsada por medios masivos que le permita a los músicos llegar a una gran cantidad de gente, por el contrario, adoptando el lema punk DIY (Do it yourself-hazlo tú mismo), los músicos o el público, fiel seguidor, encontraron en los bares el espacio ideal para compartir lo que más aman. Debido a la coyuntura de la pandemia, algunos de ellos se reinventaron ofreciendo menú, otros están volviendo a abrir con aforo reducido pero solo para consumo, nada de conciertos. Este es un recorrido por los cuatro bares-espacios más emblemáticos de la escena independiente peruana.

Inspirado en el título de la canción ‘Sgt. Pepper’s Loneley Hearts Club’ de The Beatles, el Sargento Pimienta, ubicado en la avenida Bolognesi, en Barranco, tiene más de cuatro décadas albergando a la gran mayoría de bandas emblemáticas del rock peruano. Cuenta con gran variedad de tragos y piqueos, además de un área alejada del escenario donde se puede disfrutar de una conversación con los amigos.

Con olor a pichi y humedad, encontramos a pocas cuadras de la Plaza San Martín, un lugar tal vez al que no llevarías a alguien para una primera cita, ni segunda, tal vez. Estamos hablando del Salón Imperial de Cailloma. Este espacio que le pertenece al Partido Fonavista del Perú, ha sido tomado desde hace años por la escena limeña. A pesar de lo paupérrimo de sus instalaciones y qué decir de los baños, nada importa cuando la música comienza a sonar y los puñetazos y patadas vuelan en el pogo. Muchas, sino todas las bandas de la escena han tocado en algún momento allí. Incluso bandas extranjeras.

Amado tal vez por todos, el Vichama se ha convertido en un bar imprescindible del circuito limeño de lugares donde tocar. Frente a la Plaza San Martín, esta casona vieja cuenta con una barra, un escenario y un ambiente con mesas para conversar mientras se escucha buena bulla. Allí han tocado innumerables bandas, como Procrastinación 1 yo 0, Perra Vida, Juan Gris; e incluso se han hecho festivales, albergando a Los Huaycos, Vaselina, Paroximia o Cecimonster vs. Donka.

Haciendo la salvedad del caso, podríamos decir que el Hensley es nuestro propio CBGB Bar. Ese emblemático bar neoyorquino de la década de los 70 que dio espacio a tantas bandas y artistas que luego serían conocidas en todo el mundo. Con una temática entre skater y punk, adornado con stickers y garabatos que los propios parroquianos dejan en las paredes, el bar Hensley se ha convertido en el recinto emblemático donde las bandas y el público se unen entre gritos, golpes y sudor, mucho sudor (la ventilación no es la mejor). Inició en 2010, en Monterrico, donde incluso tenían una rampa de skate. Pero hace seis años inauguraron su local de Barranco, el único que queda en la actualidad, y que fue visitado por nada menos que Tony Hawk, la leyenda del skate, en su visita a Lima en 2017.

Una mención honrosa se merecen El Keko Bar, El Florentino, Barlobento, El Bunker o muy querido Bar de Bernabé, que escuchó las primeras canciones de Mundaka o Millones de Colores, entre otros. Bares que ya no existen, pero que vieron nacer a muchas bandas hoy queridas por el público.

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