Lo que nos provoca la música

El resultado de juntar muchos fragmentos de sonido con distintas tonalidades en primer instante aparenta intrascendencia, pero nuestro cuerpo nos dice otra cosa.

En el momento que me senté para pensar sobre cuál podría ser el tema para esta nota, paré por un momento para hacer un descanso mental, y así poder volver a la reflexión, a lo mejor, más iluminado. Dicho descanso se tradujo básicamente en escuchar música, y curiosamente fue esto lo que encendió el foco de mi cabeza, que hasta ese momento yacía entre destellos intermitentes. Me preguntaba: ¿Por qué en el momento que escucho el verso principal de ‘Creepshow’ (canción de Skid Row) me dan tantas ganas de mover la cabeza aleatoriamente?

Puede sonar hasta como una pregunta absurda y muy obvia, pero siempre me ha quedado la duda sobre qué tipo de ciencia existe alrededor de todo esto. No solamente con ‘Creepshow’, sino también cuando escucho ‘Every Breath You Take’ (The Police), que a pesar de tener una letra digna del monólogo de un psicópata, simplemente me hace tranquilizarme en momentos de alta tensión. Fue ahí cuando me di cuenta que la trama lírica ni siquiera influía tanto en mí forma de sentir, sino que más bien se trataba de la base instrumental. Casi como si el conjunto de notas, armonías y latidos rítmicos calaran en lo profundo del cuerpo, cuya única reacción es liberar todo lo que trae adentro.

Conmueve asimilar como a través de algo que a veces parece tan abstracto, se puede evocar a sensaciones inéditas. Este arte es capaz de incentivar a la unión a través de experiencias físicas como un concierto, una misa, una protesta, o incluso un partido de fútbol con barras alentando. Desinhibe la creatividad, la espontaneidad, y desprende de su sonido algo místico que ni siquiera es posible describir. Escuchamos una canción después de varios años e inmediatamente nos transportamos a un lugar en el que sin saberlo, éramos felices.

El concepto de la terapia musical es aplicable y competente a varios campos de la psicología humana, y denota el poder que tiene sobre nosotros. Imagen: Northwesterm Communication

Incluso si tuviera que recurrir a tediosas explicaciones anatómicas, podría hablar de investigaciones como las del neuro-científico Jordi Jauset, quien comprueba que efectivamente, la música agradable al oído puede activar sustancias en el sistema nervioso central. Estimula la producción de la oxitocina, la dopamina, y la endorfina, elementos que actúan en razón de generar felicidad y satisfacción en la persona. Pero incluso músico-terapeutas como Mariano Betes De Toro han demostrado que puede facilitar la expresión de sentimientos reprimidos, así como brotes emocionales vinculados con circunstancias que nos marcaron, ya sea positiva o negativamente.

A través del baile y la danza, la música contribuye al desarrollo de la coordinación y la motricidad de nuestro cuerpo. El diálogo entre el sonido y el movimiento constituye además, la armonía de dos o más personas que bailotean al mismo son, y que se conocen psíquicamente a través de la majestuosa disciplina. La complementación de pasos y mímicas integran una de las tantas formas de contemplar lo bello que puede llegar a ser la expresividad humana.

Porqué al fin y al cabo, diría que de eso se trata: expresar. Como el momento en el que el director cinematográfico conjura mensajes y discursos a través de la emotividad de un ‘soundtrack’. Es ahí donde la plática entre la imagen y el sonido logran plasmar la magnitud de un suceso, pero aún más importante, la consolidación de una realidad que interviene en nuestra percepción. Incluso sin necesidad de conversaciones o diálogos, manifestaciones que apreciamos desde la aparición del cine mudo. Hablamos así, de la exteriorización del ser. Un ser tan complejo, sensible y lleno de ideas que son imposibles materializar, es ahí donde aparece nuestro perfecto mediador: el arte de los sonidos y los silencios (porque si, el silencio también es música).

¿Qué tanto influye la música en tu percepción del mundo y tu propia conducta? Imagen: HC Marbella

Es probable que haber escrito todo esto esté de más, pues cada uno es testigo empírico de cómo la música ha influido en su forma de sentir un mundo que está lleno de ingredientes que inducen al estremecimiento de nuestros sentidos. Es así como escuchar música, por más cotidiano que parezca, puede incidir continuamente en nuestra felicidad y desenvolvimiento, aunque muchos no lo hayan percibido aun. Viéndolo de esa forma ¿Es entonces tan imprescindible la música como la comida, el dinero, la ropa, o el agua?

Pues no moriremos por no disfrutar de ella, pero si me atrevería a decir que sin esta, nunca habríamos sido los mismos. No tendríamos la capacidad de rememorar tan nítidamente ciertas experiencias, permaneceríamos encerrados en el claustro de la mente, y por momentos nuestra fatiga emocional alcanzaría niveles agraviantes. Entonces agradezcamos a la música ¡Alabémosla! ¿Por qué no?

Pero aún más importante, no nos olvidemos de quienes están detrás de ella: los músicos. Muchos de ellos infravalorados (algunos sobrevalorados, puede ser), pero cuyo trabajo más allá de todo, ha hecho posible la configuración de un mundo más simpático y colorido ¿Cómo sería nuestro mundo sin música? Si lees esto, posiblemente tu cabeza ya esté proyectando fotografías de un panorama distópico y excesivamente deprimente. He ahí lo importante que es tomar en consideración a quienes quieren sustentarse en su creación. Tan solo pensémoslo por un momento: si personas como estas no existieran ¿Qué sería de nosotros?

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